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Inmigración

La llegada de “nuevos residentes” y su incorporación en el mercado de trabajo catalán durante los últimos años no es un fenómeno nuevo. Sin embargo, las características y las dinámicas de las actuales migraciones internacionales presentan una serie de elementos distintivos. En primer lugar, los “nuevos” inmigrantes, a diferencia de las migraciones “interiores”, son personas consideradas jurídicamente extranjeras, estatuto jurídico que limita su acceso a los derechos y a las posibilidades de participación social y política en la sociedad.

La construcción de la ciudadanía en términos laborales (de acuerdo con la tenencia de un contrato de trabajo) se encuentra en la base del sistema de inmigración/extranjería. En realidad, las diferencias entre los inmigrantes que han llegado a Cataluña desde 1990 y las migraciones anteriores (de hace unas décadas) no recae tanto en la llamada “distancia cultural”, sino en un marco legislativo que limita sus posibilidades de integración y los conduce a una inserción laboral segmentada y precaria en el mercado de trabajo, que obstaculiza su movilidad social. En segundo lugar, los actuales flujos migratorios se enmarcan en el contexto de la globalización, las nuevas formas de división internacional del trabajo y las desigualdades a escala planetaria que se derivan.

El actual Plan de Ciudadanía y Migración propone un enfoque de ciudadanía siguiendo dos grandes planteamientos. Por un lado, se conciben las políticas en términos de gestión de un proceso de inclusión o de igualdad. La idea básica es gestionar el paso del estatus de inmigrante al estatus de ciudadano, desde las nociones básicas de la igualdad de derechos, la igualdad social y la igualdad económica. Está explícita la necesidad de que las personas inmigradas puedan participar en todos los aspectos de los procesos democráticos y en la formulación de las políticas. El enfoque también se concibe en clave de políticas de acomodación, las cuales tienen como principal objetivo gestionar las relaciones entre todos los ciudadanos y supone dirigir las zonas públicas de interacción y promover el conocimiento mutuo. De este modo, las políticas de acomodación se estructuran en torno a dos ejes: la gestión de la diversidad en los sistemas educativos, sanitarios y sociales y la sensibilización del conjunto de la población.

Áreas de trabajo

Servicios de acogida y orientación.

Apoyo en la gestión de la diversidad a los servicios básicos.

Promoción de espacios de interacción interculturales.

Espacios de diálogo interreligioso.

Redes locales de atención en diversidad.

Fomento de la participación e inclusión social de colectivos culturales minoritarios.

Proyectos y servicios relevantes